Breve historia de la Navidad (Parte 2)

4112 2056

Mencionabamos algunas delas religiones y tradiciones que tuvieron más influencia sobre Roma que otras, entre ellas: 

  • Jesús, la paz sea con él, era judío y los judíos no celebraban sus cumpleaños, de hecho registraban las fechas de muerte de las grandes personalidades, no sus fechas de nacimiento. Esa es una de las razones por las que se desconoce la fecha de nacimiento de Jesús, la paz sea con él. En la Biblia se lee: “Vale más el día en que se muere que el día en que se nace” (Eclesiastés 7:1). Esto porque aunque una persona nazca con talentos especiales, aún no ha hecho nada con ellos. Mientras que a su muerte, se celebran las hazañas que haya hecho en vida. Por otra parte, la vida no comienza en el momento del nacimiento sino en el de la concepción. La celebración de los cumpleaños está relacionada con el ego y la vanidad, es el día en que la persona considera que tiene derecho a ser el centro de atracción y a que le complazcan en todo. En antiguas religiones paganas, el día del cumpleaños era el día en que se llevaban a cabo rituales mágicos para que la persona fuera protegida durante el siguiente año. Se aplaudía y se hacía ruido con diferentes instrumentos para alejar a los malos espíritus. Los griegos ponían pasteles y cirios encendidos en el templo de Artemis para celebrar su cumpleaños, el detalle del pastel lo tomaron de la tradición repostera Persa y las velas representaban la luz de la diosa lunar. El círculo de velas encendidas tenía que ver en otras culturas con rituales de protección contra los malos espíritus, y también con la creencia de que las velas en círculo tenían el poder de conceder deseos. En la Biblia, los dos cumpleaños referenciados son el del faraón (Génesis 40:20-21) en el que el copero fue restablecido a su trabajo y el panadero fue ahorcado, siguiéndose la interpretación de un sueño por parte de José. Y el de Herodes (Mateo 14:6-11), en el que el rey cortó la cabeza de Juan el Bautista para cumplir el deseo de la hija de Herodías. En Job 1:4-5, algunos consideran que lo que celebraban los hijos de Job eran sus cumpleaños. Job celebraba holocaustos después de aquellas fiestas para purificar a sus hijos temiendo que hubieran pecado, lo que nos muestra que no era una celebración aceptada en el judaísmo. Jesús, la paz sea con él, no celebraba su cumpleaños y los primeros cristianos no tenían una fiesta para celebrar el aniversario de su nacimiento. Los egipcios sólo celebraban el cumpleaños de los varones de la realeza. Y el que Herodes celebrara su cumpleaños, no era más que una de las muchas afrentas contra la religión y tradición judaicas que le convirtieron en blanco de las críticas de su pueblo y de las denuncias del Bautista. Los alemanes medievales hablaban de un gnomo que daba regalos adicionales a los niños que se portaban bien, y hasta principios del siglo XX vendían muñecos que representaban al gnomo barbudo. Los romanos adoptaron la celebración de los cumpleaños, e incluso llegaron a establecer la costumbre (vigente hoy día) de convertir los cumpleaños de personalidades importantes en fiestas nacionales.
 
Después que Jesús, la paz sea con él, dejó este mundo, surgieron diferentes grupos de nazarenos o judíos reformados, seguidores del Mesías. De acuerdo a los estudiosos del evangelio Q y otros eruditos bíblicos, estas primeras comunidades no se llamaban cristianas ni tenían la concepción del Cristo, pues no tenían la doctrina de la resurrección ni de la salvación por la sangre, sino que se esforzaban en seguir la sunna (ejemplo o tradición) de Jesús, la paz sea con él. Eran comunidades judías que celebraban la pascua y el sábado. Pero Pablo de Tarso (San Pablo Apóstol para los católicos) llevó a Grecia y Macedonia su propia concepción de lo que había sido el mensaje de Jesús la paz sea con él. La visión particular de Pablo se mezcló con la filosofía y la cultura helenas y dio origen a una forma de cristianismo que sería más adelante adoptada por el emperador Constantino como la religión del Imperio.

En efecto, la multiplicidad de culturas, tradiciones y religiones que había en Roma, con especial influencia de la religión persa de Mitra y la religión egipcia de Isis, hacían que Roma perdiera unidad e identidad. Para subsanar ello, se había intentado establecer una religión oficial que sirviera de soporte a la unidad del imperio. La religión de Mitra había fracasado, pues era una religión que se basaba en rituales secretos, comunidades pequeñas donde la mujer era excluida, y no había sido posible establecerla como una gran religión imperial. Se intentó también establecer el dogma de la divinidad del emperador. Templos a los emperadores habían sido construidos en un intento por darle al César romano el mismo carácter divino de los faraones egipcios, sin éxito. Constantino vio en el cristianismo heleno de Pablo y los intelectuales griegos y macedonios que lo siguieron, la oportunidad perfecta para establecer la religión imperial que Roma necesitaba. De modo que Constantino estableció que parte de los impuestos se dedicaran a la construcción de iglesias para la nueva religión, y a partir de allí, el cristianismo comenzó a construirse a imagen y semejanza de Roma. Con los siglos, se construyeron iglesias cada vez más monumentales y llenas de imágenes y decoraciones lujosas, como compete a una religión imperial. La celebración de la eucaristía, que tomó muchos elementos de la eucaristía de la religión de Mitra, se hizo cada vez más elaborada y compleja. Las comunidades cristianas primitivas, todas ellas judías, fueron perseguidas y exterminadas, así como las sectas derivadas del cristianismo, en particular los gnósticos. La idea de la Trinidad, que comenzó a surgir en el siglo II por influencia de las trinidades romanas, persas y egipcias, se convirtió en el primer gran debate divisor de la Iglesia Romana. Los seguidores de Arrio negaban la consustancialidad del Padre y el Hijo y aseguraban que el Hijo era creado mientras el Padre era no-creado. Esto llevó a Constantino a inventar el concepto del Concilio Ecuménico y a pedir que se convocara el primero de ellos, el Concilio de Nicea, en el año 325. En ese concilio se cambió la fecha de la pascua cristiana para que no coincidiera con la judía (haciéndola coincidir con la celebración pagana de la primera luna llena de primavera, los griegos la celebraban con pan y vino), se estableció el credo y se escogió, de entre más de 100 evangelios y protoevangelios escritos en el primer siglo, los cuatro que hoy están en la Biblia cristiana (curiosamente, uno de esos cuatro es un evangelio gnóstico: el de Juan). En ese concilio se declaró al arrianismo como herejía y se le comenzó a combatir. Detalle interesante es que Constantino, fundador de la Iglesia de Roma como la conocemos hoy, fue pagano toda su vida, hasta que en su lecho de muerte decidió abrazar el arrianismo (siempre se dice que se hizo cristiano, pero no nos cuentan que no se hizo trinitario sino unitario).

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Breve historia de la Navidad (Parte 4)

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